El juicio de lxs amantes


Los bordes son muy atractivos. Nuestros bordes son la entrega. Yo me hundo en mis bordes y en mis desbordes me sumerjo aun más, me pierdo, me ahogo, me intoxico y de pronto un borde distinto que me saca a la rastra del desborde. Nuestro océano intimo es un desborde perverso y encantador. Yo me he sentido un océano tenebroso este último tiempo. No hablo de días ni semanas ni meses. No se si de años, pero creo que este ultimo tiempo mi vértigo a mi propio desborde es cada vez menos. Soy un demonio del vértigo. Me he descubierto tanto océano sin luz y ese oleaje perverso me trae a la escritura. Ni una otra pulsion más. 

Al mismo tiempo, ultimamente he tenido que enfrentarme a personas muy cercanas y "anti-drogas". O sea, fuman marihuana, pero la cocaína jamás. Y es un "jamás" con impronta moral. Porque yo estoy de acuerdo en que se destape todo el entramado politico-delictual que hay con las drogas duras en nuestro país, en el continente y bla bla. Los narcoestados nos están matando. Yo no estoy en contra de toda esa lucha y, cuando me enamoré de la pasta base tampoco deje de estar de acuerdo con toda su carga pinochetista, mientras quemaba mi pipa con 2 papeles de pasta base junto varixs amigxs en un block social en la periferia pobre. He tenido la conciencia del daño social y físico. No me meto al cuerpo la droga creyendo que es una vitamina ni que estoy fabulosa aportando a la sociedad. No creo que alguien adictx a las drogas crea eso. Soy una drogadicta que quiere drogarse sin policias infiltrados en mis fiestas privadas. Y cuando me topo con la policía tanto sexual como moral infiltrada hasta en las orgías, me preocupa lo estigmatizadores que son con nuestros desbordes. Como si solo ciertos sujetos fuésemos parte de esos margenes caóticos de los deseos. Ahí la humanidad me parece detestable. Porque estás diciéndome que este desborde que compartimos como "especie", por así decirlo, en mí debe contener culpa, no disfrute, mucho menos liberación.
Como si soportar la misma humanidad fuese fácil y no necesitáramos estímulos extras para sobrevivir a nosotrxs mismxs y al mundo con sus hostiles formas de co-existencias.

En orgías me he dado cuanta de lo difícil que es para muchos sujetos asumir su monstruosidad sin culpa. En algún momento de la noche porno surge la culpa. La culpa y la condena. El juicio de los amantes es crucial en nuestra época. Somos un tiempo hipersexualizado. Es mentira que no se habla de sexo. Solo que la forma del sexo que nos imponen no son nuestras formas. Es inevitable el choque, la disputa, el antagonismo que significa querer incluso un orgasmo en medio de alguna amputación consensuada, de alguna humillación escatologica. 

He pensado en mi animalidad, ese lado salvaje y demoníaco. El disfrute de esos desbordes en mí ha sido un trabajo. Tuve días que me generaban demasiado culpa ciertos deseos, vicios. Pero se sufre tanto siendo adicto y culposo que de alguna forma tenemos que sobrevivir, aprender a relacionarte con tu oscuridad y no vivir un miedo crónico. Aprender a no inmovilizarte. La movilizacion de un vicioso puede ser bastante potente. Tengo amigxs drogadictxs que no se relacionan de la misma forma que yo con sus adicciones, pero tampoco las sufren. Han aprendido otras técnicas, las que su cuerpo particular logra empatizar. Me han enseñado sin saber muchxs amigxs viciosxs a no inmovilizarme ante la droga. Aprendí que hay tiempo para ser una araña de rincón y sin problema dejarse abrigar por el encierro, la soledad. Algo se podrá hacer en esa penumbra. Yo ahora escribo. Soy una araña de rincón tecleando su tejido. Escribir me calma ante la angustia de no saber por qué la sed es infinita. Entiendo que no todos tenemos la misma ansiedad con nuestra sed interminable. No sé si realmente haya alguien que logre satisfacer su sed. Y cuando digo sed lo digo metafóricamente y bastante ampliado.
La escritura también es un desborde. La soledad tiene sus desbordes y escribir es uno de ellos. Por suerte también podemos publicar lo que escribimos. Recuerdo que cuando niñx mis diarios de vida eran privados por obligación, pero ojalá se los hubiera podido leer por micrófono a mis compañerxs en el colegio. Escribir con miedo, escribir con rabia, con deseo, con desencanto, incluso, puede llegar a ser una forma muy eficaz para sobrevivir ante el vértigo que ya no nos daña cuando nos sabemos viciosamente auto-destructivas. Y no digo que no todas nos estemos destruyendo poco a poco y con bastante placer, sino que solo algunas estamos conscientes de este desborde y lo habitamos con todos sus riesgos posibles, potenciándolos con creces, lo escribimos y, a veces en la inmediatez, lo publicamos.
La publicidad suele ser muy adictiva también. Pero sin culpa, sin dramatismos y asumidas hasta el descaro. 

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