Guerra "vintage": las carceles gays de Chechenia


He visto una gran cantidad de comentarios sobre el caso ruso, respecto a Chechenia y la ley con que Putin prohíbe desde el 2013 toda propaganda de la homosexualidad. Me impresionaba el asombro en muchos comentarios, porque se suponía que estábamos en un mundo mucho más resuelto con ciertas minorías sexuales. Entonces comencé a percibir cómo se va trizando una ilusión progresista, de pensar que la Iglesia ya no se involucra con el Estado, de creer que los campos de concentración dejaron de suceder con el fracaso de Hitler y asumir que estamos en medio de una guerra vintage.
 
Vivo en un país con Acuerdo de Unión Civil, han habido varias bodas gays últimamente, pero aún se encarcelan a las mujeres que deciden abortar. Hace pocas semanas a una amiga trans la encerraron y golpearon los mismos trabajadores de un local en el barrio Bellavista. En Providencia las trabajadoras sexuales están siendo perseguidas y desalojadas, quedando una gran cantidad de mujeres sin trabajo y techo. No hace mucho tuvimos una seguidilla de niñas violadas que, a pesar de las masivas manifestaciones que lo denunciaban, fueron obligadas a parir. Todos estos casos legitimados por las autoridades chilenas.
 
Hay una oleada ultraconservadora en el mundo. Cuando veo las noticias sobre los campos de concentración para gays en Chechenia me acuerdo de los capítulos de la Guerra Fría en los libros de historia. El mundo está muy vintage y a ratos me da miedo. Es impresionante que mientras el Ejército de Israel promueve la inclusión LGBT en sus filas, Chechenia encierra, tortura y asesina a homosexuales. La complejidad del entramado global llega a ser extravagante, los hilos se confunden y de pronto siento que no hemos aprendido nada. Un mundo esquizofrénico, con políticas desfasadas y políticos impúdicos. Las alianzas más peligrosas están develándose de una vez por todas. Presidentes desquiciados con su poder que no temen empeorar las tensiones bélicas, con tal de imponer sus valores religiosos.
 
Leí un artículo en la página  de la BBC  y mencionaba con bastante frecuencia que Chechenia es una sociedad musulmana. La noticia en un momento parecía ser que los musulmanes estaban asesinando homosexuales. Como si Occidente y su cristianismo fuesen un ejemplo de libertades, las políticas de la inclusión y la tolerancia han sido presentadas con tanto optimismo que parecen de otro tiempo estos conflictos, particularmente los campos de concentración gays, al estilo nazi, pero con internet.
 
La ilusión de la tolerancia está develando sus fracturas. Comenzamos a tener revelaciones del panorama hostil que no ha cesado a pesar de las décadas y que parece empeorar con rapidez. El siglo 21 no tiene más esperanzas de las que pudo tener el siglo 20 y cuando sigo viendo las noticias el siglo 19 no me parece lejano.
 
Debemos revisar nuestro contexto local. No podemos confiarnos que todo queda en la pantalla. En tiempos de democracia y redes sociales nada nos asegura la tranquilidad. Las tensiones bélicas y sus estallidos están sucediendo. El caso ruso que nos sirva para no olvidar que vivimos en una sociedad que no está a salvo de esta oleada utlraconservadora. Nada le costaría a nuestro país ser dirigido por la ultraderecha que se reconoce homofóbica y quizás toda esta ilusión de apertura se nos derrumbe como a tantos otros en el mundo. No nos olvidemos que siguen golpeando a transexuales como deporte y la policía ignora sus denuncias, que aun la Iglesia y los políticos siguen decidiendo sobre el cuerpo de las mujeres. Acá en Chile, sin ir más lejos.

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