La diva del puerto sucio




Fue una semana completa de exhibiciones cinematográficas, fiestas porteñas y relaciones humanas al desborde. Fue también mi primera vez, quizás sea la ultima, pero pude debutar en la pantalla grande, posar para muchos lentes y sonreírle al flash bajo una excusa “cultural”. Fuimos la diva en medio del basural porteño y la carcajada indiferente daba igual, daba igual el olor a pesca, daba igual la marginalidad. Fue DIVA y nadie le apagó la luz. Yo quiero interrumpirla un poco. Siempre he creído que la critica debe esperarse cuando estamos haciendo cultura, cuando estamos siendo parte de ella en un país que la dificulta. Fui protagonista de un cortometraje  (Niño Bien) que no ganó nada y quiero dar mi opinión.

Cine de la diversidad. La diversidad como protagonista indiscutido, como protagonista sobreprotegido y, a la vez, la diversidad como su propio antagonista. ¿Qué decimos cuando decimos diversidad? ¿La diversidad sexual dice lo que pretende decir? ¿Cuáles son las características de esta diversidad como relato en un festival de cine?

Pablito Ruiz fue el rostro farandulero del día a día en medio de una seguidilla de microapariciones estelares de cierta cantidad de ciertos actores de ciertas películas. Porque no todas las películas se presentaron con, al menos, su protagonista en la noche de inauguración ni a la noche de la premiación final. No todas las películas chilenas en competencia se dieron la molestia de contar con su elenco para sonreírle un día si quiera al flash Diva, sobre su precaria alfombra azul, a unos pasos del Mercado.  Pablito Ruiz como rostro principal de un festival de cine pro-diversidad. Lo kitsch, lo siútico, lo gay. El DIVA aspiracional de la mano de la Municipalidad de Valparaíso en medio del desordenado y hediondo puerto patrimonial. Así es la imagen. Un cuadro opaco interrumpido por la luminaria institucional. Es la imagen que quiero cuestionar también. ¿Por qué este brillante formato?





La diversidad lucia glamorosa o al menos eso intentaba. Parecido al formato de los grandes festivales de cine, en menos de 3 años el DIVA Film Fest ya se ha posicionado como el festival de cine internacional de Valparaíso y su relato frente a lo que busca instaurar como cultura audiovisual es bastante reconocible y coherente. La diversidad en el cine. Lo transexual, el lesbianismo, lo gay y esa heterosexualidad indecisa. El llanto, la risa, la puesta en escena de eso que llamamos diversidad. Porque cuando hablamos de esta institución sexual, hablamos lo lastimero, lo vulnerable, triste y sacrificado. Decimos diversidad y un rostro coronado con espinas de ojos coloreados y labios brillantes, sufriendo su diferencia, suplicando la liberación de sus culpas por ser lo otro. No se puede concebir  la diversidad si no es de forma emocionalista. Lo trans, eso que la diversidad protege a medias y defiende a ojos cerrados, como protagonista en los aplausos y el reconocimiento formal. La historia transexual como historia nuclear de lo que es DIVA , de lo que pretende un festival por la diversidad. La lagrima no puede ausentarse del conflicto trans y en exceso suena mucho mejor; el cuerpo sufrido llevado a su máxima expresión como parte fundamental de un relato que intenta validarse con su martirio como estandarte. La premiación y el reconocimiento sólo se lo merece esta diversidad cuando se exhibe muy adolorida y victimizada. Que el publico se conmueva, suelte unas lagrimas, que aplaudan con las manos hirviendo y el corazón a punto de romper el pecho. Que la sala se acalore entre abrazos con los más sufridos y que estos sufridos sean el símbolo humano de integración y supuesto progresismo en un país que cada día quiere más a sus otros. Con respeto y delicadeza, con agradecimiento a las autoridades y buenos modales frente a la cámara que todo lo quiere registrar nostálgico y victorioso.

Como sospecha, como inquietud lo planteo. No significa que me parezca mal el Diva completo, sino que no puedo confiar cuando el poder se preocupa tanto de la diversidad, menos en un espacio cultural, ese lugar cinematográfico, donde se suele esperar que primen otras cosas por sobre el emocionalismo mediatizado. Y es que no sólo yo me he quedado con ciertas dudas y confusiones. No sólo yo he planteado la sospecha y este cuestionamiento al discurso del festival. No es coincidencia que los trabajos más premiados hayan sido los que simbólicamente corresponden a esta diversidad victimizada y políticamente correcta. Con un jurado compuesto en su totalidad por gente mas bien conservadora, no cabe la duda que estas rarezas sólo son validadas por su martirio expuesto en pantalla gigante frente a sus ojos.  Este mismo jurado, sin embargo, se sintió bastante complicado cuando se encontraban con la película Gloria en competencia.  Varios se cuestionaban el hecho de que este excelente trabajo audiovisual protagonizado por Pali Garcia –una de las actrices mas talentosa de Chile- se incluyera en la lista, junto a otras películas completamente desconocidas para el ojo visitante. Gloria ya regresando de su hiperpremiada gira por festivales llegó a complicar el panorama. Cuando todo el mundo ya la ha visto y reconoce su gran éxito, DIVA  la incluye en su competencia como si se tratase de una película más en medio de realizaciones que, en varios casos, sólo eran una opera prima de sus directores. 

Extraño, antojadizo, pretencioso quizás, pero definitivamente poco acertada elección que sólo habla nuevamente del carácter aspiracional del festival de cine de Valparaíso. Pudo haberse exhibido Gloria fuera de competencia. Otros festivales de cine como el de Valdivia sólo exhiben en competencia películas nunca antes vistas por el publico chileno.  Decisión poco inteligente de parte de su(s) organizador(es) que sólo pone en duda la calidad y seriedad de tal evento cultural.

¿Premiación del público? ¿Cuál es el proceso de tal premiación? ¿Cómo vota el publico por su película preferida? Ni en el jurado tenía la más minima idea y ante esta pregunta nadie se hacia cargo de su respuesta, sólo supuestos, explicaciones a medias y el muy tradicional silencio.  Hasta ahora nadie sabe cómo votó el supuesto publico.





Pablito Ruiz parte del jurado ¿Por qué? ¿Cuál es el merito, conocimiento cinematográfico del poco talentoso cantante? ¿Rodrigo Piaggio, director del DIVA, es quién decide?  La pretensión de hacer del DIVA Film Fest un evento de buen nivel no pasa por traer famosos a una precaria alfombra azul a lucir su farandulera sonrisa. Si ni la gran actriz Pali Garcia, protagonista de la hiperpremiada Gloria, estuvo presente recibiendo los premios que obviamente iba a recibir, me parece sólo una cuestión aspiracional, poco seria y chabacana gastar recursos para traer personajes que en poco y nada puedan aportar a la selección de un festival que apuesta por mantenerse con seriedad y prestigio. No quiero decir que la farándula me parezca inaceptable en un festival de cine –el mundo del séptimo arte es farándula-, sino que si van a pagarle a un famoso para que le de nivel al evento, que sea un famoso inteligente, serio y con la capacidad suficiente para decidir qué película es mejor por sobre otra.

No creo que esté destinado el DIVA Film Fest a ser un festival mediocre y poco transparente. Estos espacios tan escasos en Chile son muy valiosos y útiles, pero debe primar la calidad por sobre la cantidad. Si la pretensión del DIVA  es darle una cara glamorosa al puerto de Valparaíso, están mal enfocados. Si lo que pretenden con DIVA es hacer de Valparaíso un centro cultural mucho más rico, pues falta un gran trabajo cerebral de parte de gente que sí sepa pensar y no sólo el capricho de unos cuantos por ver las luces que desde niño soñaron ver. La diversidad puede seguir llorando tranquila, pero con lagrimas bien actuadas, con sufrimiento de calidad.

 Soy el protagonista de un cortometraje que no ganó nada y no me asombra. No me vine a Valparaíso por una semana a girar en torno al DIVA, pero tampoco me vine con la ingenuidad de creer que fuéramos a ganar algo en un festival de cine donde prima el relato que mas arriba he señalado. A veces las fiestas necesitan sus rarezas para hacerse más entretenidas. A veces los dueños del espectáculo necesitan que otros mucho más raros lleguen a entretener la vista de sus invitados. Sin embargo, es lo que menos me interesa aclarar en este texto. Debo reconocer, para terminar, que si el voto del público hubiese sido real, Niño Bien habría sido premiado ¿No sabremos nunca cuál fue el mecanismo que se utilizó para dejar votar al supuesto público de DIVA Film Fest?
Gracias por mi primera vez -tan poco clara a pesar de tanto flash- en un festival de cine.

Comentarios

  1. La verdad es que desconozco completamente sobre el mundo del cine en general, pero sí concuerdo contigo. Lamentablemente, cada vez que se quiere llevar la "diversidad sexual" a la pantalla grande, se hace desde la victimización, siempre viendo a la cola, la lela o le trans como "pobrecite".

    Me parece muy bien que haya ido tu corto a la premiación, incluso si no ganó nada, ya que de verdad necesitamos variar los contenidos.

    Un agrado leerte.
    Saludos

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