Robaclientes



Adueñarse de un cliente es como adueñarse de un amante. Muchos prostitutos me han tratado de traicionero. Muchos me han dicho que les falto el respeto y que no tengo ética. Y resulta que los trios son muy cotizados, más aún cuando se trata de la típica fantasia homosexual: El machote fuerte follandose al pendejo calentón. Entonces surgen las duplas o negocios momentanos entre colegas y no falta el cliente que se encanta con "el putito invitado" y le pide su numero telefonico para un proximo encuentro, esta vez sólo de a dos. El escort mayor, quién era llamado frecuentemente por tal cliente se siente amenazado; cree que el "putito invitado" le está "quitando" algo que le pertenece. Tan sólo el acto de yo decirle al hombre que paga mi numero telefónico, por cortecia, por conveniencia, por cualquier razon, tan sólo ese acto, enmierda al escort mayor y lo hace explotar en odio y, luego de la despedida con el cliente, gritarme como al peor de los peores TRAICIONERO. Entonces yo, luego de haber vivido ese episodio una y mil veces y aún, a pesar de todo, seguir dandole mi numero telefonico al hombre que paga enfrente el escort que me invitó al trio, me he puesto a reflexionar compleja y profundamente: Somos las esposas no reconocidas los prostitutos de cada cliente? Hay una competencia por quién es la mujer con más posibilidades de llegar al altar entre colegas? O simplemente el miedo, sólo el miedo, a perder ante una carne tan fresquita y firme hace que un discurso trasnochado sobre traiciones y lealtades tome fuerza entre los prostitutos? No es más que pura competencia. Así como una transformista lucha por tener la peluca más gloriosa del show, así como la travesti lucha por tener el truco más creible de la calle, así mismo los prostituos luchamos por tener la mayor cantidad de clientes fijos de la web. Yo, sin embargo, que he sabido diferenciarme de esta gran manada de "escortes histéricos", dejo pasar al hombre que paga como cualquier amante: libre, consumiendo del nectar que desee, libre, dejandose seducir por la mirada que desee, libre. Ni un discursito barato de lealtades y traiciones. Quien elije jugar con las reglas del mercado (como ellos mismos dicen, tan abedientes y sumisos al sistema), debe asumir perdidas y riesgos ante la oferta y la demanda. Si un caballero quiere servirse de mi juvenil perversion (inteligente y juvenil), yo no seré quién se lo impida. Creo en el placer y no le negaré el placer a quién más encima pague por el.

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