SI YO FUERA MUJER



Una vez mi abuela le dijo a mi madre que yo debí haber nacido hembra y mi madre le respondió que si hubiera sido así, yo ya habría tenido cientos de abortos y que sería la maraca más maraca del barrio. Así de clara y precisa, así de acertada.

Creo que si yo fuera mujer, estaría dentro de las hembras desacreditadas para llegar a ser una señorita. Nunca habría entendido el valor a la virginidad y desde pequeña la masturbación me habría amaestrado de a poco un clítoris bastante sensible y exigente. Comprendería el sexo a temprana edad como algo vital para el desarrollo y transcurso de mi vida, siendo una acérrima partidaria del placer, ojalá sin limitaciones ni normas. Los apodos como puta, perra, zorra, maraca reculiá o muchachíta indecente no me molestarían, incluso creo que hasta me gustaría escucharlos a mi pasada, casi como reconocimiento honroso. Seria un placer también pasar por entre machos desesperados y oír a la vez mijita rica y distintas manifestaciones de piropos. La seducción la entendería perfectamente tanto en lo superficial como en lo profundo de su practica, siendo quizás una especie de chula sofisticada -no muy distinta a mi realidad actual-, ejecutando herramientas de conquista con quien me pareciera apetecible y conveniente, sin importar estado civil ni condición emocional. Cada instante seria para mí una situación de caza. Me habría encargado de seleccionar a cada hombre que pudiera remecerme las hormonas y seguramente serían pocos los que no estarían considerados por mi lívido. Mi estado de animal doblemente cóncavo seria aprovechado totalmente: qué mejor que dos vías de placer interino, compartida sin sentimientos de posesión ni culpas ni celos. Y seguramente, al igual que hoy, el mito de la copulación colectiva del dios Krishna con cientos de pastorcillas ardientes seria una de mis inspiraciones. Creo que las mujeres también estarían consideradas dentro de mi deseo, practicando un compañerismo rodeado de fantasías y erotismo cruzado por la amistad; también serian mis primeras contrincantes al momento de la cacería.

Creo que si yo fuera mujer, nunca habría estado en mis planes el matrimonio más que sólo como una herramienta para asegurarme cierto patrimonio, considerando una comodidad para así dedicarme con más soltura (económica) a mis frívolas fechorías pasionales. Habría contraído matrimonio con un hombre adinerado y mayor -quizás entre 20 a 40 años mas que yo-. Ya me habría esterilizado para así ahorrarme las enjundiosas campañas de procreación y habría hecho un acuerdo con mi esposo sobre la nula posibilidad de criar niños, sino nada de nupcias y adiós. El hombre que me habría acompañado al altar tendría que haber sido un veterano poderoso en la región o país entero: quizás el dueño de algún canal de tv -desearía un estelar propio-, quizás el dueño de prestigiosas editoriales -desearía publicar libros-, quizás un abogado de elite (o juez) -mis imprudencias legales tendrían que ser impunes- o tal vez un famoso medico perteneciente a alguna universidad prestigiosa -las E.T.S., cirugías y abortos serian sin costo ni espera en clínicas exclusivas-. Creo que no habría podido contraer matrimonio con algún comandante en jefe o ministro de gobierno, sólo permitiéndoles ser mis amantes extramaritales y yo su cortesana. Finalmente, mi añoso marido habría muerto de un infarto al corazón luego de haberme sorprendido en medio de un trio en nuestra cama matrimonial. Todo fríamente calculado, convirtiéndome así en la viuda más glamurosa y deseada, después de sólo tres enriquecedores años de matrimonio. Y así continuaría, ya sin necesidades económicas, una soltería cada vez más dispersa, como la peor de todas, las más zorra e indecente de mi género.

Creo que si yo fuera mujer, habría en algún momento deseado ser hombre.

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