Las fobias del Kike



La polémica con Kike Morandé me parece una ridícula exageración necesaria, pero muy ridícula. Que pidan la salida del Morandé de la televisión chilena y se tapicen las redes sociales con la noticia farandulera, al parecer, más escandalosa de las últimas semanas es un tanto irrisorio; la televisión chilena, de inicio a fin de transmisión, exhibe sin problemas la homofobia, misoginia, machismo, nacionalismo, xenofobia y otros fascismos y tendría que vaciarse la pantalla criolla completa para limpiarnos de esa peste global. 
Me causa curiosidad que se dramatice tan exageradamente la obvia homofobia del Kike Morandé y se le señalé como el chivo expiatorio de todos los fascismos que modelan la programación completa del espectáculo virtual. Asumir su propia mierda y decir que no le gustan los homosexuales me parece mejor que ser activista de algún grupo LGBTI que haya apoyado al ex ministro Beyer y por el Mercurio hable de matrimonio homosexual -sí, Pablo Simonetti-. 
Dicen que la sagrada libertad de expresión tiene un doble filo y las lógicas del neoliberalismo permite la publicidad de estas podredumbres culturales. 
¿Por qué no piden la salida del bodrio añejo de Don Francisco o del siutico Jordi Castell?¿Por qué no se exige así mismo de mediatizado la expulsión de varios rostrillos del tibio movimiento homosexual?¿Y si también crucificamos comunicacionalmente la misoginia de muchos programas "serios" de la parrilla programática? 
Dicen que hasta las actitudes fascistas están jerarquizadas y sólo hay algunas más terribles que otras, como si no desearle la felicidad a los homosexuales fuera más condenable que seguir utilizando a las mujeres como objetos en la pantalla, como si el pinochetismo de muchos faranduleros fuera menos indignante. 
Kike Morandé hace rato que es un homofobiico y ha mantenido siempre frente a las cámaras una fobia con las mujeres y su máximo apoyo al derechismo militar de Chile. Es que lo políticamente correcto hoy entre nosotros es respetar a los homosexuales; las mujeres siguen siendo abusables.

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