Los Monjitas




Estos días he tenido que volver a los ciber de la calle Monjitas porque perdí el computador. Está repleta de cibercafés cómodos y baratos. La nueva forma de comercializar el sexo sin tener que depender siempre de la calle. Cuando comencé a prostituirme lo hice con un grupo de amigos en esos cibercafés. De 17 a 22 hrs estábamos frente a un computador. Nos ofrecíamos por el chat gay y concretábamos las citas por Skype. Al motel era a unas cuadras. Dejábamos la cabina encargada para no perder el puesto y volvíamos después de cada servicio a seguir ofreciéndonos por internet. Como andábamos siempre en grupo nos ofrecíamos a veces en pack. Los viernes y sábados terminábamos carreteando con algunos clientes que nos pagaban en grupo para pasar la noche.

Una vez nos tocó un cliente que quería vernos tirar mientras él se masturbaba. Nosotros éramos 5 putitos morenos y él un caballero muy flaco y alto que nos trataba como “sobrinos”. Pasó a recogernos en su auto en la esquina de Merced con José Miguel de la Barra. En el trayecto a su departamento nos pagó a cada uno la cantidad acordada por chat y nos dijo que siempre podía ser más, que dependía de nuestro entusiasmo. Cuando llegamos a su departamento nos pusimos a tirar de inmediato. Él se sentó en una silla en una esquina de su dormitorio y comenzó a dirigir nuestros movimientos. Nos gustaba sentirnos como un elenco de actores porno. Ya habíamos estado en orgias  y sabíamos muy bien la tónica del sexo grupal. Lo novedoso era que teníamos un director diciéndonos a quién metérselo, cómo y con qué intensidad. Estábamos dispuestos a que se uniera si así lo quería de repente, pero hasta el final se mantuvo dirigiéndonos y masturbándose. Después de 2 horas nos fue a dejar a la misma esquina del barrio Bellas Artes y nos pagó más “porque fueron mis sobrinos  favoritos”. Después de esa vez nos hicimos un blog con nuestras fotos. Nos ofrecíamos como “los sobrinos” y “los hermanos”. También se nos ocurrió ir a cibercafés con cabinas privadas y de a 2 hacer “cam sex”.

Un dia les dije que nuestro nombre de grupo era “Los Monjitas”. A los 5 nos parecía un centro laboral el barrio Bellas Artes y en la calle Monjitas logramos enamorarnos de la prostitución. Pudimos escapar del control familiar gracias a los cibercafés y aprendimos juntos como vendernos sin tener que depender de la calle. Estos días que he vuelto a la cabina privada a ofrecerme por internet me dan ganas de volver a esa venta en pack. Mientras tanto el panorama es chatear con clientes, subir una selfie ofreciéndome como escolar y exhibirme por Skype. Los moteles están cerca. Quizás hasta me paguen con un computador.



"Diario de un Puto" The Clinic 2015

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