De vuelta a clases




La fantasía más recurrente entre mis clientes es verme vestido de escolar. Llegó marzo y yo también tuve que partir a comprarme el uniforme. Como hay distintos gustos me compré el vestón de liceo y la cotona de Básica. Es un cliché muy rentable y me calienta mucho hacer de “putito escolar”. Por lo general me escriben al mail lo que quieren hacer. Me envían una especie de guión o me piden que yo lo invente. Es un trabajo de interpretación. El alumno calentón y el mateo abusable suelen repetirse bastante. Una vez me vendaron los ojos con la corbata y debía imaginar que dos profesores me tenían secuestrado. Me amarraron las manos y, sin saber a quién, solo tuve que chupar. Por el constante uso, el uniforme no me dura más que un semestre. A veces me piden de regalo la corbata o me pagan extra por llevarse el pantalón, la camisa. Por suerte, estos días las ofertas abundan para el estudiante.

Hace unos días recibí un mail de un cliente que no atiendo hace meses. La última vez que nos vimos la idea fue “una celebración por pasar de curso”. Habían globos celeste en el dormitorio y sobre la cama una torta con la frase “el mejor alumno”. Esta vez quiso “mi primer día de clases”. Nos reencontramos de mañana. Fue en la misma habitación. Primero me vestí en el baño y luego me saludó. Siempre ha sido en ese orden. Me tenia de regalo un par de zapatos. “Para tu nuevo año, Camilito”. Justamente son los zapatos lo que nunca renuevo del uniforme. También me regaló un libro y una agenda de Bob Esponja. Me senté en sus piernas a agradecerle. Anoté de inmediato en la agenda los días que volveremos a vernos. A él, como a gran parte de mi clientela, le conviene mucho más agendar con anticipación nuestras citas. La mayoría son padres de familia y deben lidiar entre la responsabilidad del jefe de hogar y sus ganas de tirar con jovencitos como yo. Me puso los billetes en un bolsillo de la cotona y me llevó a la cama. Yo creí que íbamos a tirar con la intensidad que se acumula después de un tiempo, pero sólo me sacó los zapatos viejos y me puso los nuevos. Se recostó a mi lado y me soltó un poco la corbata. Comenzó a decirme lo cansador de sus vacaciones familiares, que conoció a un chico en la playa, pero se le hizo imposible concretar algo. Me contó que se parecía a mi por lo joven y pequeño. “A veces temo convertirme en un viejo pedófilo, Camilito”.

Apenas noto en mis clientes cierta tristeza o miedo, trato de hacerlos reír con mis historias de niño. Cuando comienzan a preocuparse de lo peligroso que podría ser la recurrencia de esta fantasía, les digo que un vestuario o una estatura no es lo malo, sino que cuando obligan a alguien, con la ropa, la estatura y edad que sea. Pareciera que el miedo con sentirse pedófilo es más por el conflicto legal que por “saberse monstruosos”.

Luego de unos minutos, me pidió que lo hiciera dormir. Me quedé en posición fetal con la cabeza sobre su pecho. Seguía con el corazón agitado. Para estimularle el sueño me puse a leer el libro que me regaló. No llevaba más de cuatro paginas cuando comenzó a roncar. Me cambié de ropa junto a la cama. Él prefiere ver cuando me quito el uniforme. Pero ya estaba profundamente dormido.

Después de revisar mi mail y anotar en mi nueva agenda, me doy cuenta que todo marzo y parte de abril son citas vestido de escolar. Estas primeras semanas usar camisa y corbata es muy caluroso, pero es un detalle que le pasa a cualquiera que trabaje uniformado los últimos días del verano.



"Diario de un Puto" The Clinic 2015

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