Lectura imaginaria

No he leído todos los libros de Michel Foucault. Algunos que me regaló un cliente los leí hasta la mitad. Ni a Preciado ni a Butler las he leído enteras. Creo que no he leído ni un cuarto del arsenal clásico de la teoría queer.
De niñx me ha gustado leer, pero también me aburren fácilmente muchos libros. A veces siento que la lectura se me difumina y el video de Youtube me parece más entretenido. Creo que también estoy leyendo cuando miro videos, Facebook y todo el tráfico de información en distintos formatos de la web, de la calle, de las camas, de cada cruce biográfico. Pensar en la urgencia de la lectura desde ese fetiche que vendría siendo el libro en tiempos digitales me parece obviar todo el fluido que nos atraviesa minuto a minuto. Fue hace mucho tiempo cuando los libros eran el único recipiente de conocimiento y que su quema llegase a ser un terrible atentado. Creo que hoy podemos quemar todos los libros que queramos. Yo almaceno la información en mi mail y en cada pendrive que pierdo. Quiero escribir muchos libros, pero así también quiero chatear mucho y seguir navegando por la web como vicio de esa lectura imaginaria que pretendo todos los días
La pretensión intelectual me parece abrumadora, pero empatizo completamente con ese placer de revolcarse entre cúmulos de información, dejarse humedecer entre tantos conocimientos. Creo que hay cosas que quiero aprender y otras que simplemente prefiero ignorar. A veces pienso que un deseo de imaginar puede ser mucho más estimulante que cualquier aprendizaje de algún conocimiento ya existente. Lo moral, por ejemplo, me parece totalmente ignorable. No empatizo con lo moral porque se me recalcó durante muchos años de mi vida y es uno de esos conocimientos producido por la humanidad que solo ha hecho daño.

No tengo un deseo optimista que impulsa mi voluntad de imaginar. Quizás la vida es demasiado aburrida, las reglas del juego no me dejan divertirme de verdad y, como aun no me parece tiempo para el suicidio, debo ingeniármelas para sobrevivir. Si no pudiese imaginar y comunicar lo que imagino, ni una lectura, ni una conversación me significaría algo interesante.

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