Rolando Jimenez está muerto





Al Rolando Jiménez le tirita la pera cada vez que recuerda mi nombre. Su masculinidad cuidada e higiénica se ve tan amenazada con el breve texto que escribí de nuestro encuentro que no es capaz de soportarlo y tiene que mandar a quitar de la web toda huella. Se le hiso fácil denunciarme por Facebook y que así me eliminaran la nota. Fue capaz de hackearme el blog para sentirse tranquilo. Estaba ridiculizándose demasiado al hombrecito histérico que encabeza la agrupación más debilucha del fomeque movimiento homosexual. Haberme encarado en pleno Gay Parade para hacerme notar su rabia y tratarme de puto malo. Ha caído en su propia trampa el caballero. Se ha sentido humillado por esa forma que tanto defiende del “ser” homosexual: falocéntrica, productiva y normal. Anda asustado, enojado. Sus pacitos cortos y veloces interrumpen y hasta suenan mal. Seguramente su andropausia le está afectando malamente y ya no sabe actuar de otra forma que esa típica que adoptan los ancianos irritados. Porque simplemente el falo de Jiménez no sirve con mi culo disidente y le da rabia. Porque a pesar de sus esfuerzos por borrar mi texto de la web, sabe que será imposible. Que como los virus que tanto odia, mi texto se ha contagiado por muchas partes más y siente su oreja hirviendo cada vez que se sienta frente al computador. Quiso creer y predicar lo que hoy lo deja en evidencia. Luego me viene a tratar de poco ético. Que como prostituto no sé respetar lo mínimo y que debería dejar de escribir sobre esos “cahuines”. Seguramente aún no sabe muy bien con qué clase de prostituto se metió o lo sabe y por eso patalea. Pues entonces debería comenzar a respirar mucho más profundo. Sé y me consta que estoy siendo vigilado constantemente por él –ya me han eliminado la nota en Facebook dos veces- y estará más que atento a todo lo que escriba con su nombrecito entre medio. Seguramente ya se apernó tanto en el poder que se siente intocable. Seguramente aun no sabe nada y sólo le queda por gritonear enfurecido. Seguramente ya no se le para con nadie y eso le avergüenza tanto porque debe estar sintiendo que si no se mantuviera como presidente del Movilh, no serviría para nada más y ningún cuerpecito aceptaría montársele. Que se pudra, nomás. Que continúe pataleando todo lo que quiera. Que me censure una y mil veces más. El virus ya se ha ramificado y sus tentáculos no alcanzan tanto. Es un caballero miserable en tanto siga colgando de su grupito de homosexuales de Estado y lo seguirá siendo fuera de eso. Es como ese tronco añejo de la masculinidad que muy pronto debiera morir sin derecho a resucitar. Su cascara está trizada y las termitas carcomen por dentro todo su orgullo homosexual. Que se pudra y que su pene se pudra primero. Que se le caiga a pedazos y luego no sepa qué hacer con las bolas inundadas de sangre. Que los trozos de pene lo petrifiquen al verlos en el suelo, a sus pies y que de una brisa leve, como la debilucha estatua que es, caiga y se parta en mil pedazos más. Rolando Jiménez fragmentado sólo para así ser más cómoda la barrida que le vaya a hacer y no cueste meterlo en la pala para finalmente, como hace mucho debió haber pasado con él y una tropa de caballeros “respetables”, tirarlo al tacho de la basura. No es una visceralidad lo que acabo de escribir, es una constatación de la realidad que muchos desean y simplemente hay momentos y personajes que la historia debe superar. Rolando Jiménez debe morir (o quizás está muerto y nadie le ha avisado).

Comentarios

  1. Me encanto, no hay mejor manera de hacer que alguien caiga que dejandolo hundirse por sus propios medios.

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